
Ciudad de México, México.- Todos confiamos en tener una pareja que saque lo mejor de nosotros mismos, nos haga ser mejores personas y nos proporcione comprensión, afecto y seguridad. Pero, ¿por qué a veces acaba resultando todo lo contrario?
Muchos factores pueden influir en el hecho de que una relación de pareja se vuelva nociva, pero la elección de la pareja es uno de los principales. Saber detectar las personas “tóxicas” y, más importante aún, saber salir de una relación tóxica, nos ayudará a no sufrir innecesariamente y a preservar nuestra autoestima.
Una relación tóxica es aquella en que una, o las dos, personas, por el hecho de estar juntos, experimentan más sufrimiento que placer. Es decir, se caracterizan más por el empobrecimiento y la limitación de la persona que por promover su crecimiento personal.
A menudo, un miembro de la pareja se siente herido y triste por el comportamiento del otro, quien mina su autoestima e induce sentimientos de culpa e inutilidad. En estas relaciones, la burla el sarcasmo, el chantaje emocional y la humillación acaban siendo ingredientes de la rutina diaria, generando sentimientos de tristeza e insatisfacción.
¿Cómo se llega a ellas?
Una cuestión fundamental que se debe poder responder en cada caso es el porqué se llega a mantener este tipo de relaciones tóxicas. Y encontraremos claves comunes a todos pero también características particulares de cada caso.
La baja autoestima o las concepciones idealizadas sobre el amor y las relaciones de pareja juegan un papel importante en el inicio de dichos vínculos disfuncionales. Ciertas personas tienden a creer que tiene el poder de cambiar a la pareja, y que con el tiempo ésta acabará comprendiendo el sufrimiento que causa y siendo mejor persona. Otros asumen el rol de víctima, sintiéndose afortunados por el simple hecho de ser querido por alguien, sin considerar la posible calidad enfermiza de su compañía. La necesidad de cariño o el miedo a la soledad (mejor malo conocido que bueno por conocer), también pueden ser pasos preliminares hacia una posible relación tóxica.
Ser consciente de que uno está involucrado en una relación tóxica no resulta tarea fácil. Los amigos o allegados a la pareja suelen ser quienes, al no entender como uno de los miembros puede aceptar la situación, intentan interferir o alertar de que no debe resignarse al sufrimiento que está padeciendo.
Aprende a detectarlas
Un paso importante para las “víctimas” es darse cuenta de que deben ceder muy a menudo ante los deseos de la pareja, para no provocar conflictos entre ellos. Estas personas, a menudo sienten, y aceptan, que sus necesidades no están cubiertas, y que sus deseos o necesidades se ven subyugados a los de la pareja.
Una clave fundamental es saber encontrar el o los límites. El límite principal que no se debe sobrepasar en ninguna relación es el respeto, a uno mismo y a la pareja, en éste orden. Si uno no se hace valer por sí mismo, defendiendo sus opiniones, luchando por sus intereses y priorizando su bienestar, puede caer en el error de ensalzar a la pareja por encima de sus propias necesidades.
Cambiar los términos del vínculo tóxico que se establece con una pareja no es sencillo. Se trata de rutinas y dinámicas fuertemente establecidas, arraigadas en la personalidad de ambos miembros de la pareja, que no cambiarán por sí solas de un día para otro. Por este motivo, puede ser necesario recurrir a un profesional (un psicólogo) que le proporcione herramientas que ayudarán a disolver las partes nocivas de la relación y a crear y cultivar las nuevas dinámicas positivas.
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