Mujeres de Hierro

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05 de marzo de 2013 • 15:20 • actualizado el 05 de marzo de 2013 a las 18:15

CLAUDIA CERVANTES: ¿Qué significa ser mujer en el siglo XXI?

Hemos superado prejuicios que todavía nuestras madres no pudieron romper completamente ante la sumisión de nuestras abuelas

La felicidad o desgracia de una mujer ya no depende del contrato matrimonial.
Foto: Getty Images
  • Actriz y escritora
 

Ser mujer en el siglo XXI implica una gran responsabilidad social porque de nosotras depende que haya familias unidas, que nuevos seres en el mundo tengan amor y educación.

Las mujeres contemporáneas procuran libertad y autonomía, hemos superado prejuicios que todavía nuestras madres no pudieron romper completamente ante la sumisión de nuestras abuelas que ni siquiera tenían el derecho de votar.

Acabo de ver una película llamada “El artista y la modelo” del director español Fernando Trueba, en donde él plasma su teoría acerca de que Dios creó a Eva como una compañera eterna, le hizo el amor y nació Adán, a quien le prohibió acostarse con su madre y cuando descubrió el incesto cometido los expulsó del paraíso. Me pareció sublime este pensamiento contado por el personaje de un escultor de desnudos femeninos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

La mujer se consideraba el sexo débil, aunque siempre ha sido capaz de soportar el dolor de un parto. Ahora se sabe fuerte y capaz, su autoestima comienza a estar en su lugar; ni más arriba que las feministas postrevolucionarias, ni más abajo que las féminas del Medievo con cinturón de castidad, vendidas por su padre a un marido. Ahora podemos elegir si queremos o no casarnos, aunque todavía la cultura machista nos señale de “solteronas”.

La felicidad o desgracia de una mujer ya no depende del contrato matrimonial para ser mantenidas y esclavas de un marido. Ahora que somos competitivas dentro de un sistema que procura la equidad de género, dejamos de pedir dinero, por lo tanto ya no pedimos permiso. Esta reacción ha enojado a los hombres que fueron educados para controlar a quien adquieren como esposa y procrear a sus hijos.

Lo femenino mueve la economía mundial, el término metrosexual lo inventa Mark Simpson en Inglaterra. Surge de la necesidad de crearle al hombre el culto por su imagen, sin importar su preferencia sexual, convirtiéndolo en consumidor permanente de cosméticos, así como ropa de marca para estar a la moda.

Si tan solo replanteáramos los roles entre ambos sexos, las parejas serían más funcionales. Aún estamos en la nueva repartición de habilidades para complementarnos, todavía competimos ferozmente por un puesto para obtener ingresos mayores y desplazar a los hombres, lo cual les frustra porque se sienten impotentes ante una masa de potenciales matriarcas.  Lo ideal es equilibrar la fuerza masculina y femenina dentro de cada ser sin importar el género, complementarnos.

Nuestro reto como mujeres es no convertirnos en los hombres en los que nos hubiera gustado casarnos, sino conservar los valores que han mantenido un mundo pacífico como son el amor propio para poder amar al prójimo, la cortesía, educación y sensualidad natural. Ser el pilar familiar por nuestra capacidad para comprender los problemas ajenos, la honradez, caridad y el trabajo honrado.

Dejemos de verter nuestro odio en los hombres, perdonémonos para perdonarlos por el maltrato que a veces nosotras mismas provocamos. Levantemos la voz ante la violencia y la injusticia pero no generemos más dolor. Unidas hemos logrado más que cuando la misoginia se permeó entre nosotras. Usemos la tecnología como medio para denunciar los agravios que antes nos daban vergüenza manifestar. ¡Basta del acoso y abuso sexual para que nos tomen en cuenta! Usemos el corazón pero sobre todo nuestra inteligencia.

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