La Alberca, el cráter de Valle de Santiago, en Guanajuato

El extraño paisaje del sur del estado semeja un escenario de ciencia ficción.

El extraño paisaje del sur del estado semeja un escenario de ciencia ficción. Foto: Reforma
El extraño paisaje del sur del estado semeja un escenario de ciencia ficción.
Foto: Reforma
 

Ciudad de México, México.- "Del cielo llegó una luz que se puso al centro del cráter, se encendió más y después se apagó". Esa imagen quedó grabada con tanta nitidez y certeza en la memoria de Juan José, a la edad de 13 años, que no deja espacio para dudas: esa fue la primera vez que vio un OVNI. Han pasado más de dos décadas desde entonces, y aún permanece expectante del cielo, soñando con repetir la experiencia, a la par que despacha bebidas frías y fruta picada a quienes visitan La Alberca, el cráter más célebre de Valle de Santiago, la región volcánica de Guanajuato.

Para escuchar historias como la de Juan José, hay que viajar a ese municipio que se localiza a 90 minutos de las ciudades de Guanajuato y San Miguel de Allende y que permanece tan desconocido como enigmático. Su orografía es imán para cualquier viajero -y no sólo interestelar.

Tomando como base la ciudad de Salamanca, decidimos recorrer en un solo día el "País de las Siete Luminarias", como se le conoce al valle debido a sus cráteres de volcanes inactivos, de bordes bajos, piso abrupto y centro llano; con hasta un kilómetro de diámetro.

Hay 13 cráteres en el sur de Guanajuato: siete en Valle de Santiago, cinco en Salamanca y uno en Yuriria. Dicen, para aumentar las sincronías con el espacio exterior, que su alineación coincide con la figura de la Osa Mayor.

Otros relatos fantásticos condimentan la ruta por esta región. Ahí están los que hablan sobre monstruos prehistóricos en los lagos de los cráteres, los que relacionan la coloración del agua con algún desastre natural o los que recuerdan las verduras gigantes que seres de otro mundo enseñaron a sembrar a los lugareños en los 70 y que podrían servir de panacea para el hambre en el mundo.

Los viajeros tenemos dos opciones: pasear en bicicleta o a bordo de una camioneta cuatro por cuatro.

En dos ruedas

Elegimos la bici para conocer cuatro de los cráteres más importantes de esta región volcánica, declarada Área Natural Protegida en 1997: La Alberca, Hoya de Álvarez, Cíntora y Rincón de Parangueo, un total de nueve kilómetros.

A La Alberca se le llamó así porque el cráter contenía un lago, hoy extinto. De esa época dorada, entre 1970 y 1996, cuando era el paraje favorito de los lugareños para bañarse, sólo queda lodo en el fondo, las marcas del nivel del agua y un trampolín de madera que alguien incrustó en la pared.

Juan José vende también, a 10 pesos, fotografías de cuando en el interior había patos, gaviotas, nadadores, pescadores, y unas cuantas lanchas.

Más adelante, nos topamos con Hoya de Álvarez, donde hay 42 casas, dos tiendas y una escuela primaria. No más de 90 personas viven en este lugar, al que sólo se llega por un camino de piedra y terracería. Rodar cuesta abajo, a toda velocidad, es nuestro premio por el esfuerzo previo.

Resistimos la tentación de comer y dormir en este cráter de coloridas paredes y benévola temperatura para continuar el camino a través de sembradíos de trigo, cebada y agave, hasta alcanzar el borde del cráter de Cíntora. La vista de un fondo blanco con un diminuto espejo de agua impresiona, pero Felipe Rosiles, nuestro guía, recomienda seguir hasta Rincón de Parangueo. Jura que este último cráter nos va a sorprender.

No se equivoca. Luego de rodar por la única entrada, un oscuro y estrecho túnel de 500 metros aproximadamente, el tesoro deslumbra. Rincón de Parangueo presume un centro blanquísimo, como hecho de talco o cal. Parece un paisaje lunar; en realidad el color y la textura del lugar provienen de los sedimentos salitrosos del agua. A la estampa extraterrestre hay que agregar el diminuto lago de tonalidad anaranjada, producto de los elementos ferrosos de esta tierra.

Así, entre historia y parajes casi de ciencia ficción, decidimos detener nuestro andar. Los casi 40 grados en el termómetro nos invitan a terminar por hoy.

Pero queremos conocer más sobre los cráteres. Al día siguiente, el guía nos llevará a La Joya, al único del municipio de Yuriria, donde se resguardan otros profundos misterios.

 

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