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15 de diciembre de 2011 • 12:24 • actualizado a las 13:19

Posadas mexicanas: historia, tradiciones y significado

Del 16 al 24 de diciembre se realizan las tradicionales posadas mexicanas.

Del 16 al 24 de diciembre se realizan las tradicionales posadas mexicanas.
Foto: Archivo
 

Ciudad de México, México.- Del 16 al 24 de diciembre en muchos rincones del país la gente toma las calles para recordar el peregrinaje de María y José desde su salida de Nazaret hasta Belén.

Tras entonar la letanía correspondiente, niños y adultos se forman para golpear una piñata de la cual caerán dulces y frutas; los invitados disfrutarán además de ponche y tamales calientes, así como “aguinaldos” que se entregan como parte de las posadas navideñas, que ya son toda una tradición mexicana.

Arraigadas aquí por los monjes agustinos tras la Conquista (1519-1521), estas fiestas han cambiado con el paso del tiempo. Sin embargo, su esencia continúa presente en los hogares mexicanos que cada año se convierten en la morada de vecinos, amigos y familiares.

Sustituyeron a Huitzilopochtli por José y María en el mes Panquetzaliztli o época invernal, en la que los indígenas novohispanos celebraban la llegada del majestuoso Dios de la guerra, Huitzilopochtli.

Luego de la llegada de los españoles a la antigua Tenochtitlan, los evangelizadores europeos se encargaron de adaptar esta fiesta como una manifestación de la fe católica.

La figura de Huitzilopochtli fue sustituida por la de José y María, mientras que el periodo del 17 al 26 de diciembre fue modificado por el que abarca del 16 al 24 del mismo mes, y en el que actualmente se realizan las posadas navideñas mexicanas.

El historiador Pablo J. Gómez recuerda que fueron los franciscanos y agustinos quienes trajeron a México las posadas, las pastorelas y la tradición de “arrullar al Niño Dios”.

Explicó que en 1587, en el pueblo de San Agustín Acolman, al noroeste de la Ciudad de México, se originó la práctica de las posadas cuando el Papa Sixto V le concedió a Diego de Soria el permiso para realizar esta celebración en la Nueva España, costumbre que fue “lentamente aceptada por los indígenas novohispanos, quienes le añadieron el toque mestizo a la tradición”.

La página en internet mexicodesconocido.com.mx detalla que la razón por la cual las posadas duran nueve días es por una estrategia de los frailes, quienes buscan conseguir una novena y darle un significado a cada día, no obstante a que el peregrinaje de José y María no duró tanto tiempo.

El primer día representa la humildad para convivir con armonía, el segundo es la fortaleza para realizar los deberes diarios, el siguiente significa el desprendimiento para rechazar todo deseo que desvíe de la fe cristiana y el cuarto amar al prójimo.

La confianza en la misericordia divina y la justicia para obrar con rectitud representan el quinto y sexto día, respectivamente; el séptimo es la pureza para rechazar al Diablo y los dos últimos la alegría para alcanzar el cielo y la generosidad para entregarse al servicio de Dios.

Actualmente, en los hogares mexicanos la celebración inicia cuando los anfitriones representan a los hosteleros y los invitados a los peregrinos, quienes piden alojo al entonar la letanía para pedir posada, que concluye con el famoso estribillo: “Entren santos peregrinos, peregrinos, reciban este rincón. Y aunque es pobre la morada, la morada, os la doy de corazón”.

Para continuar, las piñatas de barro y papel china, con sus siete picos de colores, que representan los pecados capitales católicos, emulan ser estrellas colgadas de los techos; niños y adultos, con los ojos vendados (fe ciega), se forman para golpearla con un palo que hace referencia a la fortaleza y fuerza de Dios que vence al pecado dando como recompensa las bondades, representadas por la fruta y los dulces.

Finalmente, los invitados beben ponche y comen tamales, aunque la cena varia de localidad en localidad, lo que en la época actual es motivo de convivencia pero antaño era el festejo por haber vencido al pecado.

En la referida región del Valle de México los habitantes escenifican el trayecto de José y María: eligen a dos voluntarios y rezan el Rosario, pues se cree que es también una celebración de María, ya que fue ella quien dio a luz a Jesús.

Sin bien, las nuevas generaciones han encontrado en las posadas navideñas únicamente cualquier fiesta, para el historiador Pablo J. Gómez “las tradiciones han conseguido sobrevivir a la modernidad y a la gran ciudad”.

En la mayor parte del país estas fiestas buscan propiciar un ambiente de unión y alegría, “lo más importante de las posadas es que reúnen al barrio o la comunidad, ya que por el hecho de ser repartidas cada día entre un grupo de familias, entran en competencia amigable y sobre todo en un mayor esplendor de alegría navideña”.

No obstante, aceptó que estas festividades han perdido su finalidad, pues han sido modificadas, y es que, según él, “mucho de lo que fuimos, lo hemos perdido o estamos dejando que se nos escape”.

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