Juguetes y confianza: tips para no dejar que tus niños le tengan miedo al dentista

14 nov 2016
02h00
actualizado a las 04h47
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Sentarse en la silla del dentista, quedarse inmóvil con la boca abierta y escuchar los sonidos de los instrumentos causan pánico en los más pequeños. Pero ¿de dónde viene tanto miedo?

Es necesario darle confianza al niño para visitar el dentista
Es necesario darle confianza al niño para visitar el dentista
Foto: Creatas Images / ThinkStock

Para Ana Paula Pasqualin Tokunaga, dentista y autora del blog “Miedo al Dentista”, este trauma podría estar vinculado con experiencias previas, pero no precisamente experimentadas por el niño. "Antes no teníamos los recursos que tenemos hoy para asegurar la comodidad del paciente y evitar que sienta dolor durante un procedimiento. La gente visitaba al dentista tan solo en casos de extracciones. Así que el temor que hoy se siente es, en parte, debido a las anécdotas que escuchamos de los que tienen más edad y terminan transmitiéndolas a los más jóvenes", aclara Tokunaga.

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Sin embargo, la psicóloga Adriana Prado Albuquerque cree que la confrontación con una nueva experiencia también asusta a los más chicos. "El miedo es a menudo una reacción a lo desconocido. En cuanto al dentista, el niño queda totalmente vulnerable con la boca abierta, no puede predecir lo que va a pasar", explica.

Un error cometido por los padres es usar la visita al dentista como un castigo. "He escuchado a padres decirles a sus hijos que si ellos no se portan bien los llevarán al dentista. Esta es una completa inversión del sentido de la atención dental, que tiene como objetivo cuidar y no castigar", dice Tokunaga.

La idea impuesta al niño de que ir al dentista puede ser algo espantoso a veces es tan intensa que en algunos casos torna inviable la visita al experto. "Hay dos tipos de miedo, el bueno y el malo. El bueno nos protege e impone límites; el malo nos inhabilita hacer ciertas cosas y puede hacernos daño. Cuando el miedo del niño alcanza ese nivel, es hora de preocuparse, analizar las causas y tratar de solucionarlo ", advierte la psicóloga.

Para tratar de poner fin a este problema, los consultorios dentarios pueden utilizar estímulos infantiles como paredes pintadas, juguetes temáticos y regalos. Lo mismo se aplica a los profesionales. Estimular la curiosidad del niño también podría ser una buena opción; muéstrele lo que está pasando en la boca, habla con el pequeño y usa juguetes y espejos para que investigue la boca y se sienta parte de la consulta.

Al regresar a su casa, al niño se le debe incentivar a destacar los puntos positivos de la consulta con el dentista y la importancia de la prevención. Los niños con una buena higiene bucal no pasarán por procedimientos más estrictos, como una restauración o un tratamiento de conducto, y no tendrán que vivir situaciones dolorosas. "Lo ideal sería que el niño viera al dentista como un amigo que lo ayuda a cuidar de los dientes”, concluye la experta.

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